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Los
fenómenos climáticos son parte necesaria para la existencia de
los seres vivos, indispensables como las lluvias y la
temperatura para los vegetales, los que les permiten nacer,
crecer y desarrollarse, durante todo un ciclo de vida, que luego
se continúa en la formación de nuevos seres vivos desde su
reproducción, y así la cadena se repite desde hace millones de
años.
Cuando
esos fenómenos climáticos salen de la media normal, tienen
extremos razonables, tanto en sus máximas como en sus mínimas.
Algunos de ellos, aún dentro de esos límites razonables,
provocan daños, que el hombre en su tarea de cultivador, ha
sabido atemperar, reducir los riesgos, como pueden ser las
protecciones para heladas, los riegos ante la falta de lluvias,
las mallas antigranizo, los tejidos de sombreado, etc.
Pero,
cuando esas mínimas o máximas escapan a las previsiones, los
efectos son la catástrofe.
Todos
sabemos de los incendios en los bosques, de las inundaciones que
arrasan con pueblos enteros, además de sus cultivos, y vientos
huracanados, que son capaces de eliminar en sólo minutos, todos
los muchos años de crecimiento de un espléndido árbol.
La
humanidad le ha dado diferentes significados a sus apariciones,
esporádicas afortunadamente.
Y
frente a eso, se ha reaccionado desde los sacrificios humanos,
las danzas rituales, otras invocaciones divinas, hasta la búsqueda
desde la investigación científica, de los motivos que causan
esos desvíos, y de allí, la experimentación hacia una solución
lógica, económicamente factible en la escala de manejo del
hombre, que ha tenido los más diversos resultados. Desde el
fracaso más rotundo hasta el éxito total, pasando por toda la
gama de matices imaginable.
Y
desde esa investigación, de la que se han obtenido buenos
resultados, frente a estas catástrofes, hay algo que emerge
como posible, lógico, y económicamente factible, que está
absolutamente ligado a la resistencia que se logra en las
especies vegetales, cuando ellas están en óptimas condiciones
en su vitalidad.
Observando
el daño producido por el último temporal en buena parte de la
pampa húmeda, provocado por lluvias sucesivas, que fueron
aflojando la capacidad de anclaje de muchos árboles, y luego
rematado por vientos con velocidades superiores a los 100 Km/hora,
en aquellos sitios donde las plantas fueron tratadas para
estimular su rejuvenecimiento, ante notorios síntomas de un
decaimiento en el desarrollo, como lo son una profusa presencia
de líquenes y clavel del aire en sus ramas, la resistencia fue
significativamente mayor, y por lo tanto la mortandad muy
reducida.
La
eliminación de enfermedades fúngicas de los suelos, con el
simple tratamiento con una dispersión en superficie, bajo la
proyección de la copa de los árboles, de sulfato de cobre en
cristales, en dosis del orden de los 3 Kg cada 100 m2, y el estímulo
al crecimiento a través de una aplicación primaveral con urea
o algún otro fertilizante con alto porcentaje de nitrógeno, en
la misma dosis, parecen ser el principal motivo de un sistema
radicular en perfecto estado, en pleno desarrollo, y por lo
tanto con una capacidad de sostenerse increíblemente superior a
la media.
Una
práctica cultural en que su costo de materiales no supera los
u$s5.- por cada 100 m2, y, debido a que no es necesario roturar
el suelo, también con muy bajo costo de mano de obra.
Además
del efecto de resistencia mencionado, esos tratamientos son los
que reducen la presencia de taladros en los troncos de muchas de
las especies afectadas, eliminan por descortezamiento a los líquenes
y claveles del aire de las ramas vivas, mejoran su estética por
la gran cantidad de follaje nuevo y la floración reaparece, y
también, la longevidad es mucho mayor.
Pinos
insignis, robles palustris, cipreses lambertianas, cedros azules
y deodara, y todas las otras coníferas en general, como los
eucaliptos cinerea, los aromos, las acacias, etc, tienen una
notable respuesta a esta sencilla y de muy bajo costo práctica.
Prevenir
desde la propia defensa del organismo, siempre ha sido la búsqueda
para la resistencias a las enfermedades del hombre.
Utilizarla
para la protección de nuestros árboles, parece tener también
excelentes resultados.
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