LA SANIDAD VS LA TORMENTA
por el Ing. Agr. Eduardo Stafforini

 

   Los fenómenos climáticos son parte necesaria para la existencia de los seres vivos, indispensables como las lluvias y la temperatura para los vegetales, los que les permiten nacer, crecer y desarrollarse, durante todo un ciclo de vida, que luego se continúa en la formación de nuevos seres vivos desde su reproducción, y así la cadena se repite desde hace millones de años.

   Cuando esos fenómenos climáticos salen de la media normal, tienen extremos razonables, tanto en sus máximas como en sus mínimas. Algunos de ellos, aún dentro de esos límites razonables, provocan daños, que el hombre en su tarea de cultivador, ha sabido atemperar, reducir los riesgos, como pueden ser las protecciones para heladas, los riegos ante la falta de lluvias, las mallas antigranizo, los tejidos de sombreado, etc.

   Pero, cuando esas mínimas o máximas escapan a las previsiones, los efectos son la catástrofe.

   Todos sabemos de los incendios en los bosques, de las inundaciones que arrasan con pueblos enteros, además de sus cultivos, y vientos huracanados, que son capaces de eliminar en sólo minutos, todos los muchos años de crecimiento de un espléndido árbol.

   La humanidad le ha dado diferentes significados a sus apariciones, esporádicas afortunadamente.

   Y frente a eso, se ha reaccionado desde los sacrificios humanos, las danzas rituales, otras invocaciones divinas, hasta la búsqueda desde la investigación científica, de los motivos que causan esos desvíos, y de allí, la experimentación hacia una solución lógica, económicamente factible en la escala de manejo del hombre, que ha tenido los más diversos resultados. Desde el fracaso más rotundo hasta el éxito total, pasando por toda la gama de matices imaginable.

   Y desde esa investigación, de la que se han obtenido buenos resultados, frente a estas catástrofes, hay algo que emerge como posible, lógico, y económicamente factible, que está absolutamente ligado a la resistencia que se logra en las especies vegetales, cuando ellas están en óptimas condiciones en su vitalidad.

   Observando el daño producido por el último temporal en buena parte de la pampa húmeda, provocado por lluvias sucesivas, que fueron aflojando la capacidad de anclaje de muchos árboles, y luego rematado por vientos con velocidades superiores a los 100 Km/hora, en aquellos sitios donde las plantas fueron tratadas para estimular su rejuvenecimiento, ante notorios síntomas de un decaimiento en el desarrollo, como lo son una profusa presencia de líquenes y clavel del aire en sus ramas, la resistencia fue significativamente mayor, y por lo tanto la mortandad muy reducida.

   La eliminación de enfermedades fúngicas de los suelos, con el simple tratamiento con una dispersión en superficie, bajo la proyección de la copa de los árboles, de sulfato de cobre en cristales, en dosis del orden de los 3 Kg cada 100 m2, y el estímulo al crecimiento a través de una aplicación primaveral con urea o algún otro fertilizante con alto porcentaje de nitrógeno, en la misma dosis, parecen ser el principal motivo de un sistema radicular en perfecto estado, en pleno desarrollo, y por lo tanto con una capacidad de sostenerse increíblemente superior a la media.

   Una práctica cultural en que su costo de materiales no supera los u$s5.- por cada 100 m2, y, debido a que no es necesario roturar el suelo, también con muy bajo costo de mano de obra.

   Además del efecto de resistencia mencionado, esos tratamientos son los que reducen la presencia de taladros en los troncos de muchas de las especies afectadas, eliminan por descortezamiento a los líquenes y claveles del aire de las ramas vivas, mejoran su estética por la gran cantidad de follaje nuevo y la floración reaparece, y también, la longevidad es mucho mayor.

   Pinos insignis, robles palustris, cipreses lambertianas, cedros azules y deodara, y todas las otras coníferas en general, como los eucaliptos cinerea, los aromos, las acacias, etc, tienen una notable respuesta a esta sencilla y de muy bajo costo práctica.

   Prevenir desde la propia defensa del organismo, siempre ha sido la búsqueda para la resistencias a las enfermedades del hombre.

   Utilizarla para la protección de nuestros árboles, parece tener también excelentes resultados.

 

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